Izquierda Unida Valladolid - Ciudad

Segunda concentración para evitar el despilfarro de 1 millón de euros en el ascensor de la catedral

El domingo, 16 de marzo, tuvo lugar la segunda concentración ante la Catedral de Valladolid, convocada por diversos colectivos entre los que está Izquierda Unida, en contra de las obras del ascensor en la torre de la catedral que han comenzado la semana pasada. De nuevo la gente sensibilizada de Valladolid se unió para evitar que el despilfarro siga dificultando las políticas sociales que necesita la gente de Valladolid. Entre el Ayuntamiento de Valladolid y la Junta de Castilla y León se gastarán, si no lo evitamos, un millón de euros, 166 millones de las antiguas pesetas, para construir un ascensor a la única torre que tiene la Catedral herreriana de Valladolid mientras ambas Administraciones quitan los recursos necesarios para mantener los programas sociales que verdaderamente necesita la gente. El Arzobispado ha declarado que estaría dispuesto a aplazar la obra, pero el Alcalde del PP se ha empecinado en construir esta infraestructura por encima de la opinión de los vecinos y vecinas de Valladolid que vamos a continuar  expresando nuestra oposición en la calle.

El Grupo Municipal de IU de Valladolid ha propuesto que ese dinero, entre el que está una aportación de la Asociación de Amigos de la Catedral, se destine a tres escuelas taller que den empleo y formación a cerca de 50 jóvenes en paro de la ciudad. Sin embargo el Ayuntamiento ha decidido iniciar las obras comenzarán sin escuchar a los colectivos que nos oponemos a este despropósito, Izquierda Unida, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid, Ecologistas en Acción, Parad@s en Movimiento Sodepaz-Balamil y el colectivo Ramalazo.

De nuevo la concentración se instaló tras una gran pancarta en la que se podía leer “El dinero público para las prioridades sociales”.  Otra vez se leyó el manifiesto en el que se dice que la obra no se puede hacer “en nombre de la cultura ni del patrimonio” como argumenta el Ayuntamiento y que tampoco se puede hacer “con nuestro, silencio, con nuestro consentimiento, con nuestro dinero”. Otra vez las personas presentes consideraron la obra como “un insulto”, “una frivolidad” política en unos tiempos demasiado duros para soportarla sin protestar.

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