Izquierda Unida Valladolid - Ciudad

Tras un año de lamentable gestión del equipo de gobierno, IU propone cinco meses intensos de trabajo municipal para propiciar el cambio

BALANCE 2014 Y PERSPECTIVAS 2015 DEL GRUPO MUNICIPAL DE IZQUIERDA UNIDA: 10 PROPUESTAS.

 

El Grupo Municipal de Izquierda Unida ha presentado hoy, 30 de diciembre, en rueda de prensa, un balance de la actividad municipal en el año 2014 (que ahora concluye) y de las perspectivas que se abren para el próximo 2015. Un inventario y valoración que, teniendo en cuenta que en el mes de mayo se desarrollarán las próximas elecciones municipales, está inevitablemente condicionado por tal acontecimiento, que marca el fin de un mandato y el comienzo de otro, y que se espera suponga también el final de los gobiernos del PP y el inicio de un renacer de la ciudad en las manos de sus habitantes.

Foto de Europa Press

Lo que ha sido 2014

Juan Benet creía que puede tomarse el pulso a una ciudad. Ver cómo, en algún caso, “late un pulso frío y lento, propio del invierno, propio de quien (…) tan solo deja escapar un hilo de vida”. Pues bien: en un estado semejante de penuria vital vemos ahora a la ciudad de Valladolid.

 

En efecto, el tono que ha dominado el año que ahora concluye ha sido el de la decadencia. Y si, siguiendo con el juego, hubiese que buscar un color que lo caracterizara podríamos decir que ha sido un año gris oscuro, casi negro. Se ha consolidado el declive en todos los ámbitos de la gestión municipal. Un hundimiento de todas las áreas que confirma que con el actual equipo de gobierno, y el partido que lo sustenta, no hay salida. Que sus planteamientos están fuera del tiempo y de la realidad, y que el propio alcalde parece haber reconocido (dejando a salvo su figura, en una actitud muy poco honrosa, por cierto), al achacar a sus concejales y concejalas escaso celo en su trabajo. Un ayuntamiento, por tanto, que se mueve entre la desidia y la falta de ideas y de voluntad de mejora efectiva.

 

No se salva ninguna concejalía. Prácticamente todos los departamentos de gestión han mostrado en este año graves carencias. Para evitar prolijas enumeraciones, citaremos solo un ejemplo en cada caso. En Urbanismo no se ha sido capaz de sacar adelante un Plan General que se contrató en enero de 2012 por un millón de euros a un equipo externo con la idea de que estuviese listo en breve plazo, y arrastra retrasos de años y un conflicto con ese mismo equipo redactor. En Acción Social se ha consolidado el enorme recorte de la ayuda a domicilio, que se deja en manos de una empresa externa del ladrillo que precariza a sus trabajadores. La Concejalía de Manuel Sánchez sigue sin haber sido capaz de poner en marcha una de las propuestas que se suponían fundamentales del Plan Anticrisis: la rentabilización del patrimonio inmobiliario, un programa presentado con gran ceremonia hace dos veranos, pero del que hasta el momento no se ha aprobado ni un solo caso. El desastre de la gestión de la concentración invernal de “Pingüinos”, del que debe responsabilizarse la concejalía de Mercedes Cantalapiedra, ha sido evidente. En Participación se ha visto de qué forma tan despegada e insensible se ha gestionado la crisis de los comedores escolares. Y en Hacienda (seguimos con un solo ejemplo de mala gestión por concejalía) cabe añadir a lo ya señalado en años anteriores la evidencia de la angustiosa situación económica en que se encuentran las sociedades, fundaciones o entidades dependientes del Ayuntamiento, casi todas “en la UVI”, necesitadas de inyecciones suplementarias de fin de año.

 

Y si no se salvan las concejalías, mucho menos deberíamos permitírnoslo a la alcaldía. Pues la gestión del propio alcalde no solo no mejora los resultados de su equipo, sino que los agrava. Por citar también un solo caso, podemos referirnos a sus declaraciones sobre la violación a una mujer en un parque de la ciudad, aseverando que “a veces, a las seis de la mañana, una mujer joven tiene que cuidar por dónde va”. Unas manifestaciones intolerables que, según ha explicado después (con ánimo de exculpación), las hizo en una emisora local “comosi estuviera tomando una caña tomando con unos amigos”. ¿Pero qué dice? ¿Qué excusa pretende que sea ésa? Realmente estamos ante un alcalde en crisis que se ha convertido en un problema más de la ciudad.

 

El estilo del equipo de gobierno, su forma de administrar el poder, ha sido escasamente transparente y oscurantista (cuántos problemas para acceder, con cuentagotas, a la información que debía ser pública), de propaganda permanente, de no renunciar a ninguno de los caprichos personales que vienen de atrás (toros, caballos), y de jugar siempre a bordear la legalidad, una práctica que ha llegado a tal extremo que en este año se ha vuelto a asistir a una nueva catarata de procesos judiciales contra el ayuntamiento muy significativos (un ejemplo: Zambrana), y a casos de presunta corrupción (otro ejemplo de 2014: el jefe de Mantenimiento).

 

Entre tanto, la ciudad ha seguido perdiendo población, sobre todo joven. Y una parte importantísima de sus habitantes sigue sufriendo una tasa de paro intolerable y está sumida en el abatimiento de los recortes sociales. Pero el equipo de gobierno sigue en su proceso de entregar progresivamente el ayuntamiento a empresas externas y abandonar a la gente a su suerte. Un desamparo en que dejan a gran parte de la población vallisoletana, que queda al margen de un ayuntamiento que no ha querido esforzarse por estar junto a quienes más lo necesitan y reclaman. Veamos, como síntoma irrebatible de esta última acusación, cómo ha tratado a una familia que acudió a solicitar su ayuda por un caso de desahucio (estamos hablando de una información de hace escasos días): remitiéndola a Stop Desahucios. Hasta ese punto de desafección con la población se ha llegado.

 

Perspectivas para los primeros meses de 2015

 

Mientras unos hablan de macroeconomía, otros consideramos que ante todo se debe tener presente la persistencia de unos índices de paro insoportables. Lo cual hace evidente la necesidad de un importantísimo cambio de políticas, que IU seguirá promoviendo. Pero en buena medida el debate político que se oye a pie de calle está desquiciado, y se reduce a la opinión sobre el alcalde. Aunque cada vez hay más gente que está harta de que el nombre de Valladolid salga cada dos por tres en todos los medios ligado a declaraciones impresentables, hay quien, incluso a pesar de eso, considera que es un problema menor porque, aunque sea un maleducado, lo que importa es cómo gestione los asuntos públicos. Y en una ciudad en que no se debate de política, sino de exabruptos, es muy fácil que la gente se quede en el escaparate: en ese cierto remozado del centro, el ensanchamiento de aceras en los barrios, algo de apuesta cultural de gran formato y la bonanza económica que hasta hace bien poco bastaba para que intentar hacer valer una imagen de buen gestor. Pero en estos momentos se ha tornado fundamental que cale hondo que lo que necesitamos no es solo un cambio de personas, sino sobre todo un cambio de políticas.

 

Se vive la sensación de que estamos en los últimos meses de un gobierno que ha durado 20 años. En estos últimos tiempos, el Partido Popular ha demostrado que sus ideas se agotan cuando llegan tiempos de escasez. Y los problemas les han ido explotando en las manos y, a su pesar, en esta legislatura se ha hablado mucho más de política real en la ciudad: de la escuela de música, de la tasa de basuras, de los desahucios, de recortes en ayuda a domicilio, de corruptelas varias en sede municipal o de errores que nos hipotecan. Les explotan en las manos porque no pueden hacer la política que quieren, de nuevos ricos, de inversiones poco útiles pero llamativas, de megaproyectos, de expansión urbana sin control. Pero tampoco quieren hacer la política que deben: volcarse en las prioridades sociales, en las necesidades de la gente. Han decidido acurrucarse y esperar a que pase la tormenta. Pero la tormenta se les va a llevar por delante.

 

¿Hacia dónde debería orientarse un programa de trabajo que tienda a propiciar nuevas políticas? En principio, hacia cuatro objetivos esenciales. El primero, volcarse en la promoción del empleo. Sin miramientos, y a por todas. El hecho de que no haya puestos de trabajo no quiere decir que puedan bastar promesas vanas de inversores extranjeros que nunca llegan o sentarse en el despacho a esperar el milagro exterior. Todo lo contrario: precisamente por esa situación hay muchísimo por hacer. Explorar hasta el límite todos los sectores, para impulsar nuevos nichos de empleo. La administración local está absolutamente obligada a buscar empleo, sea o no sea suya la competencia. No hay competencias que valgan cuando se está hablando de hambre.

 

El segundo es la protección social. Hay que recuperar inexorablemente los derechos, al menos, de cuando comenzó la actual legislatura de los recortes. Y garantizarlos para las nuevas necesidades. Para lo cual habría que recomponer el presupuesto municipal, desde luego; pero también mostrar frente a la Junta y la administración central una actitud combativa, al menos semejante a la que ha hecho ver con la subida del IVA cultural. Lo urgente es que el presupuesto público esté al servicio de las necesidades de la ciudadanía. No puede haber familias que no perciban ningún ingreso. No puede ser. No puede ser que se eche a la gente de sus casas, o que se corte la luz. Ni argumentar que no hay dinero o competencias. Lo que hay es desapego e incompetencia.

 

El tercero sería trabajar para sentar las bases de una democratización de la economía, reduciendo el peso y la capacidad coercitiva que algunas grandes empresas (generalmente foráneas) tienen sobre áreas estratégicas de la vida urbana (infraestructuras, comercio, urbanismo, finanzas, industria, servicios), cuando tenemos, por ejemplo, más del 15% de los hogares con pobreza energética. Lo importante tiene que ver con romper con un modelo de gobierno que ha estado al servicio de las empresas y no de la gente, y eso implica recuperar un presupuesto en el que se redistribuya tanto la carga fiscal como la de gasto. No puede ser que los autónomos estén pagando más impuestos que las grandes empresas.

 

Y en cuarto lugar, respecto a la corrupción, cambiar la normativa en sede municipal para hacerla mucho más difícil (en urbanismo y contratación hay cauces que deben al menos intentarse); poniendo el foco no sólo en quienes reciben los sobornos, sino también en quienes los ofrecen.

 

Es imprescindible que la ciudadanía vuelva a ser protagonista de la política, tanto dentro de las instituciones como en la relación de las instituciones con la sociedad civil. Porque no habrá democracia si no recuperamos eso, y no habrá combate contra los poderes económicos si la ciudadanía no lo combate del lado de los gobiernos. Por eso queremos seguir en la calle. Y ahora, si cabe, más que nunca. Ejercer más presión. Trabajando por facilitar la participación de quien esté interesado en intervenir en la política municipal ahora mismo. Trabajar con todas y todos los que quieran articular la sociedad civil que empuje por la transformación de la ciudad, por su modernización. Es fundamental mantener el contacto directo con la gente, precisamente para recomponer las instituciones.

 

Y en todo caso, seguir trabajando comprometidos en el día a día. No se puede parar, ni siquiera en función de unas elecciones, por importantes que éstas puedan ser. Las necesidades no esperan. Y hay que trabajar no solo por racionalizar, en lo posible, las políticas actuales día a día; sino también para ir estableciendo las bases de una nueva política. Un ejemplo significativo de este proceder (asuntos que desde IU podemos y queremos impulsar, aun estando en la oposición) lo ofrece la propuesta de hace unos días, sobre la responsabilidad de la Junta en Zambrana, con la que se pretende reducir el gasto municipal.

 

Eso sí: junto a ese seguimiento completo y minucioso de la actividad cotidiana, en IU seguiremos centrándonos en los asuntos que consideramos más importantes. En los asuntos que pueden llevarse a cabo en estos meses y que pudieran tener más repercusión en la vida de la gente. Como también queremos cumplir todo lo que hemos venido prometiendo. Ir cerrando los temas planteados, con las correcciones que fueran pertinentes.

 

Elecciones en mayo

 

Como puede fácilmente comprenderse, los planes de cambio en que venimos trabajando en IU van más allá de las elecciones. Pensamos que la situación actual de la ciudad puede revertirse, tiene salida, pero hay que contar con gente distinta a la que está gobernando ahora.

 

Para ello IU se ha propuesto converger y desarrollar un programa y una candidatura con otras fuerzas políticas y sociales, en el marco denominado “Valladolid toma la palabra”. Probablemente veamos, por primera vez en 20 años, un Ayuntamiento sin mayorías absolutas. Y llevamos meses trabajando para construir una candidatura amplia, que sea decisiva en el próximo mandato. Decidida mediante un proceso de primarias abiertas, como ya se hizo en 2010. Ahora se amplía ese compromiso a la decisión del conjunto de la candidatura, al proceso de elaboración del programa y a la toma de las decisiones más importantes. En todo ello será la ciudadanía la que participe y decida. Porque ni las personas, ni las propuestas, ni los acuerdos que puedan cambiar esta ciudad se van a decidir a puerta cerrada. A lo largo de los meses de enero y febrero se adoptarán las decisiones más significativas en orden a determinar la candidatura. Y en los meses de marzo y abril, para la definición completa del programa.

 

En IU estamos convencidos de que la experiencia de tantos años en el trabajo municipal es un valor. Porque se han adquirido conocimientos que no se aprenden en la universidad. Estamos convencidos de que trabajar ahora también por el proyecto a medio plazo beneficia a la actividad municipal del Grupo día a día. Porque forma un conjunto coherente de actividades, que se complementan. Lo mismo que se complementan los espacios de transformación de la realidad (en las instituciones, en la calle o en el ámbito laboral).

 

De manera que tenemos ante nosotros el balance de un año, el 2014, gris oscuro, casi negro, y cuatro meses por delante de intensa actividad municipal, junto a otro de campaña electoral. Con una idea básica: frente a la desigualdad creciente, la pobreza creciente y el deterioro creciente de la democracia (que se vacía de contenidos, que ofrece la sensación de que la mayor parte de la población no forma parte de los procesos políticos fundamentales que le afectan) hay que reaccionar con decisión. Y promover un nuevo renacimiento de la ciudad (reencarnación, diremos más abajo), impulsando en estos próximos meses estos 10 objetivos y proyectos fundamentales de ciudad:

 

1. Lo obligado: Facilitar la transparencia e información

2. Lo necesario: Vigilar el cumplimiento de la legalidad

3. Lo inaplazable: Atracción de población joven

4. Lo vital: Fomento del empleo

5. Lo urgente: Garantizar la protección social

6. Lo importante: Democratización de la economía

7. Lo decente: Frente a la corrupción

8. Lo imprescindible: Ciudadanía protagonista y presencia en la calle

9. Lo comprometido: Cierre de proyectos en curso (urbanismo y cultura)

10. Lo deseable, lo liberador: Cambio del tono vital de la ciudad

 

Podríamos ahora completar la cita de Benet con que empezamos este resumen del año: “… tan solo deja escapar un hilo de vida y retiene sus fuerzas para el día de la reencarnación”. Y tal vemos, en efecto, a Valladolid. Que muy pronto renacerá o revivirá en sus habitantes, en la participación viva de su gente.

 

 

Valladolid, 30 de diciembre de 2014

Grupo Municipal de Izquierda Unida

 
 

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