Artículo publicado en El Dia de Valladolid el día 6 de mayo de 2010.
"Llevamos unos cuantos años en los que no hay día que gobierno u oposición de la Comunidad Autónoma de Castilla y León no se despachen con declaraciones sobre la población (despoblación) de nuestro territorio:el Partido Popular asegura que está tomando medidas al respecto y el PSOE acusa de indolencia a Juan Vicente Herrera."
Frente a este estado de cosas, de vez en cuando, alguna voz más reposada nos advierte de que no nos preocupemos tanto por la tendencia demografía, porque ésta tiene un curso bastante aleatorio y porque la situación no es tan grave (incluso parece tender a invertirse a largo plazo). En esta línea se pronunció hace unas semanas la geógrafa de la Universidad Autónoma de Barcelona, Anna Cabré, que desgranó en Valladolid análisis y argumentos muy bien fundados partiendo de la base de que lo peor ya ha pasado. Y, sin embargo, se extrañó de la falta de vigor de los municipios intermedios.
Mientras tanto, los aspectos que sí dependen de la iniciativa política y que deberían servir para asentar las bases de un futuro territorio más apto para fijar población e incentivar la ocupación del medio rural, siguen ralentizados. Me refiero a la Ley de Ordenación del Territorio que desde 1998 no termina de tomar cuerpo. De momento la cosa anda en torno a las Directrices Esenciales de Ordenación del Territorio, cuyo borrador tiene fecha de 2008. En ella se nos habla de 12 nodos básicos (principales núcleos de población sobre los que pivotar) que son las 9 capitales de provincia más Aranda de Duero, Miranda de Ebro y Ponferrada. Y de 47 Áreas Funcionales. De paso, el PP ha eliminado la Comarca como alternativa ordenadora del territorio.
Cierto es que Castilla y León tiene serios y endémicos problemas territoriales. Para hacerse una idea basta con reproducir, resumidamente, el diagnóstico que hacen las Directrices Esenciales de Ordenación del Territorio: gran extensión, fragmentación administrativa, debilidad del sistema urbano, frágil implantación industrial, envejecimiento y dispersión demográfica. A ello habría que añadir, al menos, la debilidad de los pequeños municipios y las grandes diferencias entre territorios: provincia de Valladolid, 514.000 habitantes; Soria, 92.000.
Por supuesto que son casi innumerables las iniciativas de deberán irse tomando aunque más de carácter general, pero quiero apuntar sólo tres o cuatro aspectos que, desde mi punto de vista, podrían contribuir a otro enfoque de algunas decisiones
No debe obsesionarnos la natalidad, es más, me parecen bastante absurdas las políticas natalistas en las que con frecuencia se incide ¡como si tuvieran algún efecto! Sin embargo deberíamos ir pensando más en la gestión de la población que tenemos e ir poniendo medios para un futuro a largo plazo: servicios y dotaciones próximos (de todo tipo: comerciales, sanitarios, educativos...), buen transporte público y oportunidades para el desarrollo personal.
Además, debe darse valor a la población que tenemos ¡la vejez no debe verse como una maldición de los dioses! También es fuente de oportunidades y debe quitársele la connotación negativa y de carga social y económica que hasta ahora se le está dando. Se haga lo que se haga, la despoblación del medio rural a corto plazo parece que seguirá aumentando, y que las personas se concentran en los núcleos urbanos. Pero esto no significa que no estén apareciendo nuevas formas de vida en los pequeños municipios: una habitabilidad más estacional, pero intensa, un buen mantenimiento de las viviendas, actividades económicas que no llevan aparejada la residencia permanente en el municipio, etc.
En este contexto debería apostarse por poner en valor el medio rural como paisaje y como ámbito habitable de calidad (por cierto, permítaseme aprovechar para anotar que los cementerios nucleares no son la solución, al contrario, van contra esa puesta en valor).
Y en este sentido debe combatirse la idea de que la agricultura es una carga y que está demasiado subvencionada, pues la agricultura es un sector estratégico con independencia de cuánta población activa esté ligada a ella. La energía o el sector de la automoción (por ejemplo) están también fuertemente subvencionados (acaso más, pero desconozco las cifras) y sin embargo esto no suscita crítica alguna.
En definitiva, tengo la impresión que esto de “despoblación”, con ser un asunto serio terminará por trivializarse (como aquel término de “desarrollo sostenible”, que se colgó como un latiguillo en todo discurso político, viniera o no a cuento). Mientras que lo mejor que parece que se puede hacer es crear bienestar y oportunidades en los municipios intermedios que actúan como cabecera comarcal e impulsar actividades económicas que se pueden generar en el propio territorio.
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le Jueves 6 mayo 2010 a las 10:10
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IU Valladolid
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