Artículo publicado en la revista "Delicias al día" el 1 de septiembre de 2009
Sin que sirva de precedente les voy a contar una anécdota personal.Llevaba varios años sufriendo algún calambrazo en la rodilla,
precisamente la izquierda. Una sensación incómoda y molesta pero
fugaz y asumible. No le di ninguna importancia ya que ocurría de
tanto en tanto, pasaban meses entre un ataque y otro, y duraba lo
suficientemente poco como para no incordiar mi ritmo de vida
habitual.
Hasta este mes de marzo. Las molestias persistían de forma
continuada y decidí acudir a mi médico. De ahí al traumatólogo quien,
tras las pruebas pertinentes me planteó las ventajas y los
inconvenientes de una operación. Al final pensé que la artroscopia
podía paliar el problema y decidí que se llevase a cabo la citada
intervención. Estaba ya en la lista de espera.
Pasados unos días recibí una llamada telefónica. Una señora,
amablemente, me conminaba a acudir a dos clínicas privadas que
tienen un concierto con la sanidad pública. Sus argumentos: lo harán
tan bien como en el Clínico y le podrán operar en breve. Cuando le
mostré mi interés por ser atendido exclusivamente por la sanidad
pública le tornó la voz y me dijo, más áspera, que, si esa era mi
elección, tendría que esperar varios meses para que fuera posible.
Bien, le dije, esperaré. Está usted en su derecho, apostilló como si le
hubiera dicho algo incomprensible pero que no ella no podía evitar.
Vamos, como si, teniendo billete de tren para ir a Cádiz, le hubiera
planteado que mi decisión era llegar caminando a la Tacita de Plata.
Usted mismo, remató.
Me quedé con mal cuerpo. Y sin entender nada. Si convenimos que la
atención sanitaria es un derecho y los poderes públicos se
vanaglorian del sistema público de sanidad ¿cuál es la trayectoria que
ha facilitado al secuestro de parte de los servicios por parte de la
privada? Me dirán, con razón, que el derecho sigue existiendo y que
la operación, en uno u otro sitio, se va a realizar. Cierto, pero me
Joaquín Robledo Díaz
Coordinador Provincial de IU Valladolid
preocupa. Si una clínica privada puede ofrecer un servicio que,
posteriormente, la Junta le retribuiría ¿por qué no lo puede ofrecer
directamente el SACYL? El centro privado tiene la necesidad de
presentar cuentas de resultados y el carácter de empresa les obliga a
obtener beneficios, los convenios que tienen con la Junta les
producen beneficios. Si ellos lo hacen ¿por qué no es la propia Junta
la que invierte el dinero que les paga a estos centros en mejorar la
calidad de la atención?
Los conciertos sanitarios, como los educativos, detraen dinero público
–de todos- para fortalecer empresas privadas y eso es un
contrasentido dado que el fin de los impuestos es la redistribución.
Este tipo de prácticas fortalecen a los inversores privados al ponernos
a todos como clientes de sus empresas. Los centros públicos van
perdiendo peso y, como en todo fenómeno de erosión, se van
debilitando las bases sobre las que se asientan. En primer lugar las
ideológicas: la consciencia social del valor de un derecho,
posteriormente las económicas y al final se tomó esta decisión porque
no había más remedio. Sin dinero ni capacidad de contundente
respuesta social. Aún queda pero el camino ha comenzado.
Sólo valoramos lo que tenemos cuando lo necesitamos y cuando lo
perdemos suele ser tarde para que la reacción sea eficaz. Quizá falte
en nuestra sociedad una “cultura de lo público”, una mezcla entre la
reclamación de un derecho y el uso correcto de éste. Para que un
servicio público sea eficiente es necesaria la complicidad de todos y,
por tanto, debemos usarlo de forma sensata, de esta forma todas las
personas -al menos las que no tenemos capacidad para afrontar las
minutas de un centro privado- nos beneficiaríamos.
La exigencia ha de ser máxima pero mesurada. La privada podrá
aportar un confort que es imposible, e injusto, reclamar a la pública
pero en las prestaciones no puede haber merma. Hay radica el límite.
Nuestra obligación, como ciudadanos es esperar lo que es razonable,
lo cual no implica callar cuando hay que esperar más de lo justo por
una mala gestión.
A ver hasta cuando cojeo. A ver si la sanidad pública refuerza sus
piernas.
