Artículo publicado en la revista "Delicias al día" el 3 de junio de 2009
Quizá, cuando estas letras le lleguen, ya no tenga sentido mi petición pero (le
pido) no por ello pase página y deje este artículo sin leer. Allá va mi reclamo:
vaya a votar el próximo domingo 7. A quien usted quiera, no es mi intención
decirles que somos los mejores y elijan nuestra papeleta, pero vote.
Analice
según su criterio, elija la opción por la que se sienta más identificación y acuda
su colegio a introducir su sobrecito.
La razón de esta súplica es simple: quienes detentan el poder prefieren que no
lo hagan, que se queden en casa y aprovechen el día de descanso para
tomarse unas cañas. Y si ellos quieren eso la respuesta de la gente corriente
debe ser la contraria: acudir en masa a las urnas. Miren, en la calle, cada vez
más, cuando se habla de política, a la mayoría de las personas les empiezan a
salpicar granos de urticaria. Es parte del éxito del poder establecido (del poder
político actual y del poder económico eterno). Si ustedes aborrecen la política
la dejarán de lado, si usted deja de interesarse por los asuntos que nos
influyen en todos alguien lo hará y no pensará en el interés general sino en el
suyo y el de los de su estirpe sanguínea y social.
Una vez que ya no hay trabas porque, por puro ’asqueamiento’ general, hemos
abandonado la responsabilidad de opinar, ellos camparán a sus anchas sin
oposición. Habrá muerto eso que llamamos pueblo y que somos los que
tenemos alpargatas. Seguirán llamándolo democracia pero será una
pantomima.
El domingo hay elecciones pero los que tienen la obligación de hacerlo ni
siquiera lo dicen. Pedirles que nos informen suena a quimera. Así están más
cómodos, ellos deciden y el resto ni se enteran, ni se inmutan. Sus consejos,
por activa o pasiva, nos arrastran a la desidia, sueñan con que estemos -como
canta Cifu con los Celtas- ’tranquilo majete en tu sillón’. Y no. La respuesta es
no. Hay que llevarles la contraria para decirles dónde estamos, para que sepan
que los asuntos públicos nos competen y queremos ser parte en todos los
procesos que nos afectan, a nosotras, a nosotros y a nuestros vástagos. Y la
consolidación de Europa como espacio común es, sin duda, el primer eje sobre
el que se asentarán los jalones que definan los límites del campo de juego de
nuestras vidas.
Joaquín Robledo Díaz
Coordinador Provincial de IU Valladolid
La campaña, si se han enterado que la hay, es como el agua pero no por
transparente sino por incolora, inodora e insípida. Parece que sobre este futuro
tenemos poco que decir y mucho que tragar. Luego oiremos que tal o cual
decisión del gobierno de turno es obligada ya que lo ordena ’Europa’ como si
este viejo continente fuera responsable de las decisiones de unos dirigentes
que se esconden en su paraguas para no dar la cara.
Necesitamos Europa pero es imprescindible que se inicie un proceso de abajo
hacia arriba, que no sea impuesto, y en el que entren las palabras dar y
recibir. Hoy es un conglomerado de intereses en manos de lobbys que campan
a sus anchas por los vericuetos de una inextricable burocracia. Cuánto más
tardemos en exigir que se desenrede la madeja menos posible será.
De ahí viene mi petición. Vayan a votar, griten que quieren opinar, participen.
De lo que se trata es de analizar el futuro que queremos y con esas bases
decidir. Seguramente las candidaturas que se han presentado no les satisfagan
pero ir a la urna es el primer paso para decir que aquí estamos. Y que si
quieren que callemos para dejarles hacer lo llevan claro. Luego, quejarse en el
café, relaja pero no tiene ningún valor. Mientras no haya otros instrumentos,
contamos con el voto. Aunque sea para arrojarlo en las caras de los que nos
dicen de boquilla que votemos mientras esperan que nos entretengamos el
domingo en cualquier tasca comiendo unas gambas con gabardina.
