Metafísica entre melones. Artículo de Jesús Anta Roca en El Mundo de Valladolid


no es que haya quien desee que el AVE descarrile, pero si, al igual que ha ocurrido en Cataluña, aparece algún agujero que horade la política del Ministerio de Fomento, pues que le vamos a hacer, a lo mejor no viene mal en determinados cálculos electorales.

METAFÍSICA ENTRE MELONES

JESÚS ANTA ROCA

En una frutería del barrio de la Rondilla, las dos personas que atendían la tienda discutían vivamente sobre la presencia de Dios en la vida cotidiana, incluso en el negocio que regentaban. El libro de la Biblia ocupaba parte del mostrador y era testigo del ojo experto de los tenderos: “Estos tomates están mejor para fritos que estos que lo están para ensalada; no, ese melón lo puede comer hoy mismo”, advertían a un cliente. Mientras tanto, nada les distraía acerca de si Dios también estaba allí, observándoles y guiándoles en su juicio sobre el negocio y las personas que entraban.

En la frutería también estaba conectado un transistor de mediano tamaño, y de él salía la voz de un personaje de pública relevancia que se empeñaba en advertir, a quien le escuchara, sobre la incertidumbre de que el Tren de Alta Velocidad llegara a Valladolid con las suficientes medidas de seguridad. En su discurso no parecía que aportara datos que sostuvieran con algún grado de solvencia la veracidad de sus dudas, sino que daba la impresión, más bien, de parecer dispuesto a aguar la fiesta del Gobierno de la Nación que anuncia que el AVE llegará a Valladolid el 22 de diciembre.

“Pero Dios, hermano, -decía uno que sopesaba la madurez de un par de kiwis-, no está sólo en la iglesia, sino aquí, entre nosotros”.

Es cierto que el AVE, en su próxima llegada a Valladolid, probablemente no se atenga a lo que indica el reglamento, y que las prisas electorales hagan que, por ejemplo, un paso de peatones a la altura del Pinar de Antequera, sea un obstáculo que deba tener en cuenta el tren veloz, que en ese punto llega a una velocidad que ronda los 150 km/h. Y que, paradójicamente, se clausure el paso de peatones de la Esperanza en el tramo en que el mismo tren veloz atraviesa el barrio sólo a 50 km/h.

“En fin, hermano, que el culto es la cita semanal, pero que Dios también está entre nosotros cada día”.

Si el AVE es el gran futuro de Valladolid (un pequeño constructor me abordó no hace mucho tiempo en una cafetería preguntándome a quemarropa "¿usted cree que Valladolid llegará a 700.000 habitantes con la llegada del AVE?", como si la actual poblacion fuera capaz de duplicarse asi como asi), no parece muy congruente que sea cuestionado, precisamente, por quienes en el ámbito municipal hace del mismo la principal apuesta del futuro de la ciudad.

“¿Oiga, me puedo llevar, como dice aquí, este libro de Durrenmat?”, le preguntó muy interesada una señora al celador del Hospital Clínico Universitario. En efecto, en la sala de espera de consultas, sobre las pequeñas mesas auxiliares intercaladas entre las sillas dispuestas para los pacientes, unos pequeños y artesanales letreros advertían: “para leer o llevar”. Y allí convivían Lord Jim, Durrenmat (Griego busca griega), y Auki Mishima (El marino que perdió la gracia del mar).

Bajo el brazo de la paciente en espera, el periódico advertía sobre las prisas del Gobierno de España para que el AVE llegara a Valladolid, sin haber realizado el número de pruebas suficientes para garantizar la seguridad. En efecto, en el túnel de Guadarrama se ha instalado un sistema contador de ejes ya en desuso.

“Por supuesto, señora, puede llevarse el libro de Durrenmat”, respondió el celador no sin satisfacción. Y la informa que se trata de un proyecto modesto y autogestionado de un grupo de trabajadores del Clínico que tratan de hacer más humanas las dependencias. “También en algunas salas hemos puesto juguetes para los niños”.

La noticia que recogía el periódico destilaba, en alguna manera, que a escasos meses para las elecciones, que no es que haya quien desee que el AVE descarrile, pero si, al igual que ha ocurrido en Cataluña, aparece algún agujero que horade la política del Ministerio de Fomento, pues que le vamos a hacer, a lo mejor no viene mal en determinados cálculos electorales.

“Pues claro que agradeceríamos que colaborara trayendonos libros, señora”, indica el celador.

Bueno, el AVE llegó a Lérida con claras indicaciones de que los semáforos y la señalización se ordenaran de manera que en nada entorpecieran la velocidad del tren, con independencia de lo que indicaran las normas de seguridad. Pero eran otros quienes gestionaban Fomento.

“Sí, hermano, este melón está para mañana”, afirmó uno de los dependientes de la frutería de la Rondilla.

articulos publicados en /Sala de Prensa /Artículos de opinión /Artículos de Jesús Anta le Martes 13 noviembre 2007 a las 10:39 por IU Valladolid | Leido 313 veces
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no es que haya quien desee que el AVE descarrile, pero si, al igual que ha ocurrido en Cataluña, aparece algún agujero que horade la política del Ministerio de Fomento, pues que le vamos a hacer, a lo mejor no viene mal en determinados cálculos electorales.

METAFÍSICA ENTRE MELONES

JESÚS ANTA ROCA

En una frutería del barrio de la Rondilla, las dos personas que atendían la tienda discutían vivamente sobre la presencia de Dios en la vida cotidiana, incluso en el negocio que regentaban. El libro de la Biblia ocupaba parte del mostrador y era testigo del ojo experto de los tenderos: “Estos tomates están mejor para fritos que estos que lo están para ensalada; no, ese melón lo puede comer hoy mismo”, advertían a un cliente. Mientras tanto, nada les distraía acerca de si Dios también estaba allí, observándoles y guiándoles en su juicio sobre el negocio y las personas que entraban.

En la frutería también estaba conectado un transistor de mediano tamaño, y de él salía la voz de un personaje de pública relevancia que se empeñaba en advertir, a quien le escuchara, sobre la incertidumbre de que el Tren de Alta Velocidad llegara a Valladolid con las suficientes medidas de seguridad. En su discurso no parecía que aportara datos que sostuvieran con algún grado de solvencia la veracidad de sus dudas, sino que daba la impresión, más bien, de parecer dispuesto a aguar la fiesta del Gobierno de la Nación que anuncia que el AVE llegará a Valladolid el 22 de diciembre.

“Pero Dios, hermano, -decía uno que sopesaba la madurez de un par de kiwis-, no está sólo en la iglesia, sino aquí, entre nosotros”.

Es cierto que el AVE, en su próxima llegada a Valladolid, probablemente no se atenga a lo que indica el reglamento, y que las prisas electorales hagan que, por ejemplo, un paso de peatones a la altura del Pinar de Antequera, sea un obstáculo que deba tener en cuenta el tren veloz, que en ese punto llega a una velocidad que ronda los 150 km/h. Y que, paradójicamente, se clausure el paso de peatones de la Esperanza en el tramo en que el mismo tren veloz atraviesa el barrio sólo a 50 km/h.

“En fin, hermano, que el culto es la cita semanal, pero que Dios también está entre nosotros cada día”.

Si el AVE es el gran futuro de Valladolid (un pequeño constructor me abordó no hace mucho tiempo en una cafetería preguntándome a quemarropa "¿usted cree que Valladolid llegará a 700.000 habitantes con la llegada del AVE?", como si la actual poblacion fuera capaz de duplicarse asi como asi), no parece muy congruente que sea cuestionado, precisamente, por quienes en el ámbito municipal hace del mismo la principal apuesta del futuro de la ciudad.

“¿Oiga, me puedo llevar, como dice aquí, este libro de Durrenmat?”, le preguntó muy interesada una señora al celador del Hospital Clínico Universitario. En efecto, en la sala de espera de consultas, sobre las pequeñas mesas auxiliares intercaladas entre las sillas dispuestas para los pacientes, unos pequeños y artesanales letreros advertían: “para leer o llevar”. Y allí convivían Lord Jim, Durrenmat (Griego busca griega), y Auki Mishima (El marino que perdió la gracia del mar).

Bajo el brazo de la paciente en espera, el periódico advertía sobre las prisas del Gobierno de España para que el AVE llegara a Valladolid, sin haber realizado el número de pruebas suficientes para garantizar la seguridad. En efecto, en el túnel de Guadarrama se ha instalado un sistema contador de ejes ya en desuso.

“Por supuesto, señora, puede llevarse el libro de Durrenmat”, respondió el celador no sin satisfacción. Y la informa que se trata de un proyecto modesto y autogestionado de un grupo de trabajadores del Clínico que tratan de hacer más humanas las dependencias. “También en algunas salas hemos puesto juguetes para los niños”.

La noticia que recogía el periódico destilaba, en alguna manera, que a escasos meses para las elecciones, que no es que haya quien desee que el AVE descarrile, pero si, al igual que ha ocurrido en Cataluña, aparece algún agujero que horade la política del Ministerio de Fomento, pues que le vamos a hacer, a lo mejor no viene mal en determinados cálculos electorales.

“Pues claro que agradeceríamos que colaborara trayendonos libros, señora”, indica el celador.

Bueno, el AVE llegó a Lérida con claras indicaciones de que los semáforos y la señalización se ordenaran de manera que en nada entorpecieran la velocidad del tren, con independencia de lo que indicaran las normas de seguridad. Pero eran otros quienes gestionaban Fomento.

“Sí, hermano, este melón está para mañana”, afirmó uno de los dependientes de la frutería de la Rondilla.

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